Era las 12 de la noche y él estaba tan lejos como dos aviones te pueden llevar.
La cámara web se pixelaba cada tanto yo no podía ver mi propia imagen que se proyectaba a través de la web. Pero si podía ver su rostro, cansado, serio, que de vez en cuando desbordaba en una sonrisa.
¿Qué tenes puesto? dijo el parlante.
No quise creer la invitación y le conteste sorprendida:
- ”me ves? Tengo un sweater y polera, hace frio...”
- “no, no... (Interrumpió el parlante) debajo de todo eso, que tenes puesto?”
La propuesta era obvia y si bien me daba vergüenza es algo que a tu amor a lo lejos no se lo podes negar. Me fui sacando la ropa riéndome incomoda, el también sonreía.
Mi ropa interior no era nada llamativa, deportiva y de algodón.

- “estas hermosa...” me dijo el parlante. Y me sonrojé.
- “tócate”.
- “Tocarme? estás loco? no!”
- “Hacelo que yo también lo hago… te extraño…”
Las palabras clave que un hombre sabe decir para lograr lo que quiere de su amante, son las que lo definen como hombre. Me recosté de perfil a la cámara, me sentí tan incómoda como si me lo hubiera pedido un extraño y comencé a tocarme por sobre el algodón. La excitación subió despacio, casi tenue. Las palabras me fueron diciendo que hacer y que percibir, sentí su soberanía a km de distancia.
“te quiero ver sin ropa”, "colócate de frente”, “abrí mas las piernas”, “cuantos dedos son?” ,“juga con el clítoris y quédate así”…
El silencio duró… obediente no dejé de tocarme. No podía ver mi imagen, no sabía lo que se estaba viendo, para él fue visual, para mí fue sonoro.
“Como quisiera estar ahí… estas hermosa. Estas muy mojada?”.
Comencé a suspirar tratando de no hacer ruido. ”si” le conteste.
“quédate así” Me dijo de nuevo.
Me sentí simplemente deseada, lo veía en sus ojos. Me sentí tan bella como promiscua, tan excitada como obscena. Ya no apreciaba el frio de la casa, lo pechos estaban duros, así los sentí cuando los toqué… (por dios que esto es raro!) y ya no pude disimular los gemidos.
La imagen dejo de pixelarse, no era muy clara pero podía ver mi boca roja y turgente por la irrigación sanguínea, por la excitación. Él tenía los ojos clavados en la imagen, en mi imagen y yo no podía aguantar.
“quédate así”
El cuerpo se me contrajo, y trate de concentrarme en sus ojos pero no puede evitar volcar mi cuello hacia atrás.
“Vas a terminar?” dije que sí y era más que cierto.
Terminamos juntos, sonreíamos como si hubiéramos hecho algo vergonzoso… pero lindo.
“La próxima quiero encaje… buenas noches… te amo”.
La cámara web se pixelaba cada tanto yo no podía ver mi propia imagen que se proyectaba a través de la web. Pero si podía ver su rostro, cansado, serio, que de vez en cuando desbordaba en una sonrisa.
¿Qué tenes puesto? dijo el parlante.
No quise creer la invitación y le conteste sorprendida:
- ”me ves? Tengo un sweater y polera, hace frio...”
- “no, no... (Interrumpió el parlante) debajo de todo eso, que tenes puesto?”
La propuesta era obvia y si bien me daba vergüenza es algo que a tu amor a lo lejos no se lo podes negar. Me fui sacando la ropa riéndome incomoda, el también sonreía.
Mi ropa interior no era nada llamativa, deportiva y de algodón.

- “estas hermosa...” me dijo el parlante. Y me sonrojé.
- “tócate”.
- “Tocarme? estás loco? no!”
- “Hacelo que yo también lo hago… te extraño…”
Las palabras clave que un hombre sabe decir para lograr lo que quiere de su amante, son las que lo definen como hombre. Me recosté de perfil a la cámara, me sentí tan incómoda como si me lo hubiera pedido un extraño y comencé a tocarme por sobre el algodón. La excitación subió despacio, casi tenue. Las palabras me fueron diciendo que hacer y que percibir, sentí su soberanía a km de distancia.
“te quiero ver sin ropa”, "colócate de frente”, “abrí mas las piernas”, “cuantos dedos son?” ,“juga con el clítoris y quédate así”…
El silencio duró… obediente no dejé de tocarme. No podía ver mi imagen, no sabía lo que se estaba viendo, para él fue visual, para mí fue sonoro.
“Como quisiera estar ahí… estas hermosa. Estas muy mojada?”.
Comencé a suspirar tratando de no hacer ruido. ”si” le conteste.
“quédate así” Me dijo de nuevo.
Me sentí simplemente deseada, lo veía en sus ojos. Me sentí tan bella como promiscua, tan excitada como obscena. Ya no apreciaba el frio de la casa, lo pechos estaban duros, así los sentí cuando los toqué… (por dios que esto es raro!) y ya no pude disimular los gemidos.
La imagen dejo de pixelarse, no era muy clara pero podía ver mi boca roja y turgente por la irrigación sanguínea, por la excitación. Él tenía los ojos clavados en la imagen, en mi imagen y yo no podía aguantar.
“quédate así”
El cuerpo se me contrajo, y trate de concentrarme en sus ojos pero no puede evitar volcar mi cuello hacia atrás.
“Vas a terminar?” dije que sí y era más que cierto.
Terminamos juntos, sonreíamos como si hubiéramos hecho algo vergonzoso… pero lindo.
“La próxima quiero encaje… buenas noches… te amo”.
